
Los espacios de trabajo atraviesan una profunda transformación. El trabajo híbrido, las nuevas expectativas de los usuarios y la necesidad de mantener la competitividad de los activos están cambiando la forma de entender las oficinas. Hablamos con Luis Alberto Morón, CEO de Moinsa, compañía que este año celebra su 60 aniversario, sobre cómo está evolucionando el mercado y qué distinguirá a las oficinas más competitivas en los próximos años.
- Sesenta años permiten observar el mercado con una perspectiva poco habitual. ¿Cómo ha cambiado nuestra forma de entender y utilizar las oficinas durante estas seis décadas?
Respuesta: La oficina ha pasado de ser un espacio principalmente funcional y jerárquico a convertirse en un entorno flexible, colaborativo y orientado a la experiencia. Hoy no solo debe permitir trabajar, sino también impactar positivamente en el individuo y la organización, conectar, compartir conocimiento y reforzar la cultura de la empresa y el lado humano de los individuos. En Moinsa hemos acompañado esta transformación durante 60 años, adaptando nuestra forma de abordar los proyectos a las nuevas necesidades del mercado.
- Tras el impacto del trabajo híbrido, ¿qué están demandando realmente hoy los usuarios de una oficina?
Respuesta: Los usuarios esperan que acudir a la oficina aporte algo que no encuentran trabajando en remoto: colaboración, concentración, socialización, tecnología, bienestar y sentido de pertenencia. También necesitan poder elegir el espacio más adecuado para cada tarea. Por eso, más allá del modelo de presencialidad de cada empresa, la flexibilidad se ha convertido en una demanda estructural.
- ¿Hasta qué punto la experiencia del usuario se ha convertido también en una cuestión de valor para propietarios e inversores?
Respuesta: La experiencia del usuario influye directamente en el valor del activo. Un edificio que funciona bien para las personas tiene más capacidad para atraer y retener ocupantes, diferenciarse y mantener su competitividad. La ubicación, la eficiencia o las certificaciones siguen siendo esenciales, pero el diseño convierte esas prestaciones técnicas en una experiencia tangible y reconocible.
- Estamos viendo una creciente inversión en accesos, lobbies, terrazas y espacios compartidos. ¿Por qué las zonas comunes han pasado a ocupar un lugar tan importante en la estrategia de los edificios?
Respuesta: Porque ya no son simples espacios de paso. Los accesos, lobbies, terrazas y áreas compartidas pueden convertirse en lugares de relación, trabajo informal, servicios y representación. Además, generan la primera impresión del inmueble, ayudan a construir una identidad propia y benefician al conjunto de los ocupantes, no solo a una empresa concreta.
- En un mercado con edificios de diferentes edades y calidades, ¿qué capacidad tiene el diseño interior para reposicionar un activo sin recurrir necesariamente a una transformación integral?
Respuesta: El diseño interior puede reposicionar un activo mediante intervenciones muy selectivas. No siempre es necesaria una reforma integral: actuar sobre el acceso, el vestíbulo, una terraza, una planta piloto o los espacios compartidos puede cambiar significativamente su percepción. La clave es identificar dónde la inversión puede generar un mayor impacto y qué tipo de ocupante se quiere atraer.
- ¿Se está dejando atrás la idea del interiorismo como una fase final del proyecto para incorporarlo antes a la estrategia del activo?
Respuesta: Sí, cada vez más. Cuando el interiorismo participa desde el inicio, puede alinearse con la arquitectura, la operación, la comercialización, la sostenibilidad y la inversión. Esto permite anticipar necesidades, evitar soluciones parciales y optimizar los recursos. No se trata de situarlo por encima de otras disciplinas, sino de integrarlo en una visión común del activo.
- Moinsa ha trabajado durante 60 años con compañías, propietarios y operadores que afrontan estas transformaciones. ¿Qué habéis aprendido de esa doble mirada entre las necesidades del usuario y los objetivos de quien posee o gestiona el activo?
Respuesta: Hemos aprendido que ambas perspectivas no son opuestas. El propietario busca ocupación, rentabilidad, diferenciación y durabilidad; el usuario, bienestar, flexibilidad y una buena experiencia. El buen diseño conecta esas necesidades mediante soluciones atractivas, pero también viables, eficientes y fáciles de mantener. Ese equilibrio es una parte esencial de nuestra aportación.
- Si miramos ahora hacia los próximos diez años, ¿qué distinguirá a una buena oficina de un activo verdaderamente competitivo?
Respuesta: Principalmente, su capacidad de adaptación. Una oficina competitiva deberá responder a distintos usos, equipos y modelos de trabajo sin necesitar transformaciones constantes. También tendrá que integrar flexibilidad, tecnología, bienestar, sostenibilidad e identidad en una propuesta coherente. No bastará con funcionar hoy: deberá seguir siendo atractiva y relevante a lo largo del tiempo.

